HISTORIA VASCOS
ALAVA-GUIPUZCOA-VIZCAYA | PREBOSTES VASCOS | LOS AGOTES y VASCOS | ONOMASTICA y VASCOS | PESTES de 1348 y 1646 y VASCOS | JUEGOS RURALES | JUDIOS VASCOS | INDUSTRIA y VASCOS | CHAPELA y VASCOS | MACHINADAS y VASCOS | CONQUISTA ARABE y VASCOS | VISIGODOS-FRANCOS y VASCOS | GASCONES- VIKINGOS y VASCOS | ZUBEROA-BAJA NAVARRA y VASCOS | VASCOS ESCLAVISTAS | Enlaces | HISTORIA VASCOS | CRONOLOGIA y VASCOS | SEÑORÍOS PAMPLONES y AQUITANO | INICIOS y VASCOS | NAVARRA y el DUCADO DE VASCONIA | IDIOMA y VASCOS | MARINOS VASCOS | ORIGEN DE LOS VASCOS | CARLISMO y POSTCARLISMO | BANDERIZOS | LIMPIEZA DE SANGRE y VASCOS | BATALLAS EN NAVARRA y VASCOS | MITOLOGIA y VASCOS | CONTEXTOS COETANEOS y VASCOS | TEMAS VARIOS y VASCOS || BIOLOGIA y VASCOS || ILUSTRADOS VASCOS | RECONQUISTA y VASCOS | | CELTIBEROS y VASCOS | LIBERALES DEL XVIII y VASCOS | EL TURCO | ALBION | ESPADONES y VASCOS | TRES SINGULARIDADES y VASCOS | PROGRE JEL | INVENCIONES SOBRE VASCONIA | AITOR |

 
JUDIOS VASCOS
Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos, el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada. Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a permanecer en su fe, logró salvarse.



Historia-vascos
INDICE DE ESTA PÁGINA
Sefarad
Judios en Vasconia


S E F A R A D

En general los reyes, los obispos y los grandes nobles favo­recían a los judíos y éstos seguían siendo funcionarios de la teso­rería, arrendadores y recaudadores de impuestos, contribuyendo al desarrollo racional de la administración del Estado.

Crecía, en cambio, el odio popular. Cualquier interregno -la muerte de un rey, la minoría de edad de un sucesor, una revuelta contra el trono, una crisis económica podía dar eco a las fulminantes pisadas de la Muerte y entonces, ay entonces, en las aljamas se oía dlento guadañar de su acero...

La historia es terrible, pero ocurrió y acaso contiene el refle­jo oculto, ensangrentado, de las tensiones religiosas que, alcan­zado el siglo XIV, atravesahan la España de las tres religiones.

Leemos: en 1450 la peste negra rindió la vida del gran Alfon­so XI; el pueblo, fortalecido por la opinión de conocidos inte­lectuales, vió en los judíos a los sembradores de la funesta epide­mia; y la guerra civil y fratricida que conmovió Castilla a la muerte del gran monarca trajo el terror antiguo a las aljamas del reino, trajo la voz: ¡Vienen, llegan!, y el tumulto que se precipita y arrasa cuanto encuentra en un instante.

La encanallada turba que resuella azacaneada, que lanza exclamaciones de codicia y, a ratos, queda en un silencio increíble.

Ocurrió así. Los asaltos contra las juderías fueron los pri­meros síntomas de lo que más tarde se convirtió en una larga y cruenta guerra entre las tropas de don Enrique y las de su her­manastro, el rey legítimo, Pedro el Cruel.

En marcha el levanta­miento encabezado por los bastardos de Alfonso XI, la protec­ción real a los financieros e intelectuales judíos sirvió a los rebeldes para ganarse a las masas cristianas.

Decían: Castilla está en manos de israelitas, que se elevan a costa de los cristianos.

De­cían: los males de los últimos tiempos obedecen a las perversas actividades de los judíos.

Decían: el rey favorece a los enemigos de la comunidad cristiana, enseñoreándolos, acrecentándolos y enriqueciéndolos.
Había en esta propaganda una arma podero­sa, pues bastaba esgrimirla para que ciudades y villas se alzaran contra don Pedro.

La campaña de Enrique de Trastámara adquirió así el aire fanático de una cruzada, destinada, superficialmente, a liberar al reino de Castilla de un monarca enemigo de los cristianos y de­fensor de los infieles y DEICIDAS JUDIOS; en realidad, a ganar el tro­no para don Enrique.

En la primavera de 1355 las tropas rebel­des entraron en Toledo y saquearon la judería menor de la ciudad, dando muerte, según López de Ayala, a más de MIL judíos.

Los años más terribles llegarían, no obstante, después de que En­rique buscara refugio en Francia y allí reclutase mercenarios para su lucha.

Cuando el año 1366 regresa a Castilla al frente de un ejército formado por los guerreros franceses de Bertrand du Guesclin, los tumultos, los saqueos, las destrucciones y matanzas se multiplican. Briviesca, Valladolid, Burgos. Toledo...

Tampo­co los mercenarios ingleses del rey don Pedro frenan sus bárba­ras efusiones. Detrás de varias y abundantes violencias está In­glaterra y los jinetes y arqueros del príncipe de Gales, el príncipe Negro: Villadiego, Aguilar de Campoo...

Trasfigurado por la guerra, aquel furor incontenible también alcanzó al rey, que acu­sado por su rival de protector de los semitas tomó, sin embargo, fieras medidas contra aquellos súbditos suyos, "los míos judíos", que se decía: y así, para compensar a los musulmanes de Grana­da, que tan valiosa colaboración armada le brindaban en la lucha civil, les permitió que tomaran cautivos a los judíos de Jaén y los vendieran como esclavos.

Unas trescientas familias quedaron así libradas de la libertad, de su tierra, del aire, de la esperanza, de la misericordia, de ellas mismas.
historia-vascos Muro Lamentaciones en Jerusalem
Jerusalen : Oración en el Muro del Templo

Establecida finalmente la paz, muerto don Pedro en el pu­ñal de su hermanastro (1369), Enrique II volvió a la política tradicional con los judíos. Los tomó bajo su protección y les confirmó en sus frágiles derechos.

Tal y como había ocurrido durante los reinados que precedieron al suyo, intelectuales y fi­nancieros judíos intervinieron en la burocracia del Estado, pero ahora en un paisaje más tenebroso, más violento y exasperado.

Memorias y relatos dan testimonio del creciente clima anti­semita al declinar el siglo XIV.

Memorias y relatos refieren cómo esta agitación encuentra eficaces colaboradores en algunos con­versos, que en sus polémicos manuscritos niegan el aire a las gen­tes de la Torá y predican la persecución sangrienta e incitan a los reyes a favorecer con las armas la conversión.

Gritan: "con pala­bras no se corrige a un esclavo, aunque las comprende no se avie­ne a ellas" y "al sabio, un guiño, al necio, un puñetazo"...

Curas ardorosos y fanáticos multiplican en campos y ciudades estas vo­ces. Es ahora cuando por las claras callejuelas de Sevilla camina ferozmente iluminado el arcediano Ferrand Martínez.

Sus ser­mones destilan violencia. Llaman al vulgo a demoler sinagogas y a encerrar a los judíos en sus barrios. Llaman al saqueo, exaltan­do lo criminal hasta la historia. Toda esta avalancha de inflamable fanatismo dio su amargo y horrible.

Cuentan que los asaltos se iniciaron el verano de 1391 en Sevi­lla, extendiéndose vertiginosamente por todas las tierras de An­dalucía y por Castilla. Luego los alborotos llegaron al reino de Aragón, a Valencia, a Barcelona, a Mallorca...

En las cifras que manejan los especialistas tiembla la barbarie a la que se entrega­ron las puebladas cristianas. "¡Que viene el arcediano! -gritan frente a la aljama de Valencia unos chiquillos- ¡Para los judíos, bautismo o muerte!".

Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos, el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada. Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a permanecer en su fe, logró salvarse.

¿Existía refugio en el destierro?: francamente así lo creyeron muchos. De Barcelona salieron judíos catalanes rumbo a Alejan­dría y Beirut. Judíos castellanos cruzaban tierras de Aragón para embarcarse en el puerto de Valencia. Entre los conversos que desde Mallorca emigran ahora a Palestina, se encuentra el ancia­no astrónomo Isaac Nifoci.

¿Existía refugio en Sefarad? Conocemos la respuesta de los Reyes Católicos en 1492: NO.

Converso o desterrado. De los que permanecieron en Sefarad muchos recordarían luego las adver­tencias: ¡ay, pesada es la servidumbre que lleva dentro el cristia­nismo para el converso! Serán esclavas las palabras, esclavos los gestos, esclavas las miradas, esclavos los sueños.

Llena de odios y desengaños, había quedado la vida del cristiano nuevo después de 1.391. Llena de Inquisidores quedará la existencia del que decida quedarse en SEFARAD el año de 1.492.

Por Fernando García de Cortazar (Historiador)
     

Historia-vascos barra



Historia-vascos Fray Ferrer o quemador de libros
Fray Ferrer quemando libros


JUDIOS EN VASCONIA

Esta política de atracción, no obstante sus intermitencias y la merma que en las aljamas judiegas produjeran las epidemias mortíferas que asolaron nuestro país en el primer tercio del siglo XV, produjo algún efecto benéfico para la población hebrea, que en los primeros años del reinado de D. Juan y D.ª Blanca experimentó cierta reacción, especialmente en la Ribera.

Imitando estos monarcas la conducta del Rey Noble, no ponían obstáculo á la inmigración de los judíos de otros países, sino que por su cédula de 22 de Enero de 1435 aliviaban á los de Tudela las cargas que no podían pagar, para que los que eran absentados tornaran á vivir á su regno, volvían á encomendarles el castillo de dicha ciudad y les hacían toda clase de halagos para traerles á sus dominios.

Pero esta reacción no podía ser positiva, porque faltaba á la raza judiega del país vasco la principal armadura para sotenerse en su terreno.

Mermada por las causas enunciadas y pobre en demasía para ejercer su industria, volvía á experimentar la enemiga que siempre le había guardado el pueblo cristiano, enemiga que sólo se había contenido ante el amparo que los reyes habían concedido á los hebreos y la utilidad que éstos prestaban á señores y siervos.

La noticia que había circulado de la muerte que los de Tolosa habían dado á Don Gaon, judío de Vitoria y recibidor de todo el territorio de Guipúzcoa, cuando fué á cobrar la imposición real á dicha villa, repercutía en toda la Vasconia, amenazando concluir para siempre con los hebreos.

Colocados éstos, por lo que atañe á Navarra, en medio de aquel foco encendido á raíz de la muerte de la reina D.ª Blanca, merced á la conducta de su viudo, los que nunca habían medrado con las guerras civiles tenían que sufrir dura suerte, víctimas sucesivas de agramonteses y beaumonteses.

Era en vano que la gobernadora D.ª Leonor procurase conservarlos en su dominio, mandando en 1469 que se reedificase la judería de Pamplona y se obligase á los judíos á vivir dentro de sus muros, por el gran perjuicio que se seguía al Real Patrimonio de la destrucción de aquella aljama; ni durante el gobierno y breve reinado de D.ª Leonor y el de su nieto D. Francisco Febo podían sustraerse los hebreos á la general desconfianza que se había apoderado de su raza; perdida ya la esperanza del medro entre los cristianos, reducidos á gran pobreza, disminuido en gran número el contingente de sus aljamas, sin horizonte para animarse á nuevos trabajos, obligados de nuevo á llevar el DISTINTIVO que los separaba y hacía odiosos á los cristianos (1466) en virtud de constituciones sinodales, hostigados por sus propios hermanos los conversos, empezaron á desertar de nuevo de las villas, abandonando sus juderías, en busca de otra hospitalidad, recordando dolorosos las épocas de prosperidad que antes habían alcanzado en el país vasco.

Con el advenimiento de D. Juan de Labrit y D.ª Catalina al solio de los Garcías y de los Sanchos, la raza judiega tiene ya en el país vasco una historia, común con la de España.

En Guipúzcoa, Alava y Vizcaya, por su dependencia del Rey Católico; en Navarra, por la influencia del mismo, que miraba ya como propio aquello que todavía no había usurpado.
Es cierto que el Tribunal del Santo Oficio no había podido echar raíces en Navarra á pesar de dicha influencia, como lo prueba la acogida que Tudela dió á los asesinos del maestro Epila, por lo cual eran severamente amenazados por el Rey Católico, como si ya no hubiera rey en Navarra; pero no lo es menos que su influjo se dejaba sentir tan eficazmente como si ya hubiera sido admitido, merced á la sumisión de nuestros últimos reyes á la voluntad de D. Fernando.

En Vitoria no sólo se acordaba por el Consejo, en 28 de Mayo de 1482, rehabilitar la antiguas ordenanzas, que vedaban á toda mujer cristiana la entrada en la judería, acuedo que agravaba en 24 de Julio del mismo año, añadiendo que ninguna persona cristiana fuese osada en día de sábado "á façer fuego, nin guisar en casa de judío para judío alguno", sino que, ya en 16 de Junio de 1486 mandaba pregonar por calles y plazas ciertos artículos acordados por el alcalde, regidores y diputados, en que invocando el servicio de Dios y de los Reyes y el "aumento de la fe católica" disponían:

1.º Que nadie entrara en la Judería á vender hortalizas ni vianda alguna, limitándose á expenderla del lado afuera de su pueta.
2.º Que ninguna moza ni mujer casada entrase en la expresada Judería, bajo ningún pretexto, sin la compañía de un home lego, que la vigilara y guardara hasta su salida.
3.º Que ningún judío recibiese en su casa á mujer cristiana, de cualquier estado ó condición que fuese.
4.º Que ninguna mujer ni moza cristiana "se alquilara á jornal" á judío ni judía; todo bajo penas aflictivas y pecuniarias.

Con tales Ordenanzas, agravadas cinco años más tarde con nuevas restricciones, se cerraba la puerta á toda negociación entre los individuos de ambas razas; extendíase la atmósfera de aversión que el país vasco profesaba á los hebreos, renunciando hasta á darles la hospitalidad que por tantos años habían disfrutado.

La villa de Tafalla convenía en 1492 con la ciudad de Tudela en no recibir en ambos pueblos á los judíos expulsados de Castilla que intentaban entrar en Navarra, por creerlos ser en total perdición de las repúblicas de este regno.

Así que al reproducirse el edicto de expulsión, librado por los Reyes Católicos en 1492, eran relativamente muy pocos los judíos existentes en el país vasco.

De Alava, Guipúzcoa y Vizcaya salieron bastantes á raíz del mismo para embarcarse en Santader y Laredo; de Navarra, para la Provenza y Francia; pero, al menos en Navarra, fueron más los que se quedaron, convirtiéndose á la Fe de Jesucristo y renunciando sinceramente á la mosaica.
JAVIER AROCENA


contador visitas
: